Imagen: Parto
14 ene 2007 por linmer
27.05.2002
00:59
Una clara tarde de verano, de esas en que el sol se intuye tras nubes blancas y los pájaros pasean tarareando canciones celestes, nació.
De rosadas mejillas y piel nevada, de ojos llorosos y sonrisa amarga, había llegado al mundo combinando la esencia de sus progenitores, cual batido de fresa aún sin remover, a partes desiguales.
Su nombre todavía era un misterio para el público, que más que acompañar estorbaba, e incluso su sexo, puesto que no habían tenido la oportunidad de sostenerlo en sus brazos.
La conversación de las abuelas, recién promocionadas al cargo por el neonato, transcurría superflua y tensa. En otras circunstancias, se hubiera podido calificar de cortés hipocresía. Pero en esta ocasión, se trataba prácticamente de un ritual, de un rol que no daba margen a la improvisación.
La criatura volvió a emerger del profundo letargo con hondo y sentido llanto, reclamando por derecho innato su merecido pecho.
La habitación parecía un mercado municipal con la única distinción que, en irse verduleros, fruteros, pescaderos y otros personajes de sogas vocales, permanecían flores y bombones arrinconadas y amontonados sobre una mesilla.
Las visitas más fatigantes terminaron por darse por aludidas y decidieron salir a por un café, excusa para proseguir la cargante charla de anécdotas familiares sobre parecidos y defectos con mayor crueldad.
Vaciando el seno derecho de su madre, sonreía, cerrados los ojos, a un punto indefinido del mar que rellenaba todas y cada una de las ventanas del hospital.
El padre de la nueva y tierna vida, al otro lado de la cama, miraba a esa carita de ángel por construir o de demonio por descubrir mientras acariciaba los suaves pómulos y besaba los rubios cabellos de la primeriza.
Había alguna extraña fuerza que les mantenía pegados y que aglutinaba sus palabras tornándolas silencios que, daban por seguro, comprendían los tres.
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PD.: A la historia le faltan detalles, un principio y un final. De veras deseo no ser yo quien la escriba, sino el reloj de cocina que cuente nuestros días.
[...] Podéis leer el texto completo aquí: Imagen Parto [...]
Me has hecho sentir el padre… y eso acojona!
vito:
Jajajjaja. La verdad es que sí, que acojona. En el momento que lo escribí, tenía pareja y muchas ilusiones con forma de mariposa…
Tendría unos 17, sabía que no era algo inmediato pero era algo que me hubiera hecho mucha ilusión y así era como lo imaginaba. Ahora ya no lo tengo tan claro, por lo que tu dices, es que acojona…