Carta

6 11 2008

Querida Marta,

han pasado dos años, tal vez tres, y sigo sin saber de ti. Al principio me molestó que tus últimas palabras fueran “te llamo luego y quedamos mañana”. Pero no era la primera vez que lo hacías, lo de incumplir una cita, lo de desaparecer sin dejar rastro.

Esta vez incluso llegué a preocuparme, no tengo forma de contactar contigo y si te hubiese pasado algo nunca podría saberlo. Es una sensación compleja: una cosa es añorar a alguien que no está, pero eso de no saber si lo has perdido, no sabes si guardar como un tesoro los recuerdos o acumulando rencor por la indeseada ausencia.

Pero el tiempo no son sólo anocheceres perdidos, la piel que envuelve los sueños también se va curtiendo, al final nos acostumbramos a hacer balances hasta de las emociones. Por eso te escribo, Marta, porque las malas experiencias también son emociones al fin y al cabo, porque la rutina ya se encarga de poner la monotonía que nos hace creer estables.

Así, un día como hoy me levanté pensando que me faltabas tú, aunque pueda parecer extraño. Y que necesitaba decírtelo, aunque sea absurdo porque no sé cómo localizarte. Me enseñaste a realizar los deseos, más allá de la razón o la conveniencia, por mucho que yo me revelase a esa idea.

Jaque-mate, has ganado. Como siempre. Sólo que, esta vez, ni siquiera estás para saberlo. Esta vez, perder ni siquiera tiene sentido.



Dicen que mis letras están llenas de sombras (*)

21 12 2006

Dicen que mis letras están llenas de sombras, que soy demasiado joven, que la vida es demasiado corta. Dicen tantas cosas…

Y yo que me callo que la tinta siempre fue oscura; que no todos los viejos llegan a ancianos; que a veces, la vida, simplemente es…

(*) cortesía de zinkx



En la orilla de cualquier mar

10 12 2006

Sentado sobre la arena de cualquier playa. La arena, esa tierra que abrió los ojos y se propuso limpiar el alma, ser más pura, ganar la levedad.

Aquí, sentado con la arena, en cualquier playa. Espero desde hace horas (ella lleva quizá la eternidad), que las espumosas crines me hablen. Espero que, en ese lento y premeditado suicidio contra las rocas, me escriban. Con la propia sal que se les derrama de las heridas, me escriban.

No sé qué esperará ella, sigue conmigo. Bajo todos estos pensamientos, a mi lado, detrás, casi tan omnipresente como el mar que se empeña en callar frente a nosotros. Pero más presente.

Mientras se sostiene el silencio de las olas, me pregunto qué puede esperar ella, la arena. Una vez limpia, pura y leve, qué puede esperar.

Un susurro, quizá una broma de la brisa. No, es una palabra. Sobre el espigón, colección ordenada de rocas grises, ancladas por perder el orden. Una mancha de cristales blancos sobre el pétreo gris.

Viento.

Las olas me dicen “viento”. Y yo esperaba un nombre, una dirección, un color, cualquier cosa para orientar mi vida. Vuelvo a sentarme sobre la playa, gris cemento. La arena se fue, siquiera sin despedirse, aunque yo tampoco la saludé al llegar, habíamos contemplado juntos tantos testigos mudos…

Quizá eso esperaba la arena, “viento” para dirigir sus pasos, pues aún con tanta levedad, el ser no puede arrastrar al alma.

Quizá es, más bien, que por tanta levedad, el ser no puede arrastrar al alma.

No sé, pero seguro que no lo descubriré, anclado a la orilla de cualquier mar.



La soledad viste de azul

3 12 2006

La soledad viste de azul.

(Y la Luna añadiría que de seda azul, porque la seda, siempre es azul.)

La transparencia es un engaño, el tejido suave hace resbalar los sueños.

Mas siguen allí, flotando, frente al eterno azul.

Serenos, esperando a que vuelva.

A que vuelva, el azul.



Sigo tropezando

28 11 2006

Sigo tropezando con las raíces de este bosque en el que me perdí por soñarte. Y sin embargo, aún te recuerdo como un césped mullido, de un verde casi insolente.



La primera vez

26 11 2006

Es la primera vez. Nunca me había asomado a una mirada sin poder atravesarla. Como cantos de sirena, te arrastra hasta que estás tan cerca que sólo ves naufragios.

Lo peor es que la senectud no impide que la música siga sonando.



De amores y desamores

14 11 2006

-¿Has estado alguna vez en un trigal?
-No, creo que no.
-¿Y si te pregunto si has estado en un campo de amapolas?
-Sí, eso sí.

El dorado homogéneo trigo, por idílico que parezca, no puede soportar la belleza salvaje de la amapola. Ella no pregunta, hace del campo su morada.

No le pidáis explicaciones más que a la lluvia infiel.



A los que leen en silencio

7 11 2006

Sé que estás ahí. No pretendo asustarte, esto no es una mala película americana. Sé que me lees, que me sigues leyendo. Y de algún modo yo también lo hago.

Me gustaría saber qué te impide hablar, qué ha hecho que no te atrevas a dejar tu marca, como lo hacen los enamorados sobre la corteza de los árboles.

A todos aquellos que me leen en silencio,
sin cuyos comentarios hubiese abandonado el blog hace tiempo:
Os echo de menos


Mírate bien

2 11 2006

Mírate bien, la silueta se rellena en el espejo. Los grises toman forma. La luz se apodera de tu mirada. Como cuando amanece sobre las montañas y el frío azul le cede el paisaje al verde. Como cuando se desdibuja la noche de las copas de los árboles, dando motivos para trinar a los pájaros olvidados.

Sales a la calle con la sonrisa renovada. Anoche no dormías sola, sobre la almohada estaban todos esos juegos cómplices que trazamos por turnos. Tus pasos se han vuelto más seguros hoy. Hasta te parece que el chico de la frutería te estaba mirando de reojo. Y, sin darte cuenta, la cintura vuelve a esculpir tu sensual andar.

Volverá la noche, mas no la oscuridad, ya no la dejarás entrar.



Niebla

28 10 2006

Avanzando con la mirada absorta en los detalles que la niebla emborronaba. Sintiendo la humedad materializarse sobre sus mejillas, como pequeños pinchazos, como aquella tarde en la que observaba el mar desde un rompeolas.

A lo lejos, el abrupto vacío recubriendo casas y calles. La memoria arrastrando el paisaje hacia sus dominios. El agridulce sabor del olvido.

Observando los límites de este universo inusualmente pequeño, capturaba fotografías imposibles por la falta de luz. Concentrándose para evitar el asalto de los recuerdos.

#mk#
Lo siento. Es que las olas, siempre regresan.