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Lo más duro fue partir dejando las palabras bajo la almohada y los sueños entre tus dedos.

Ahora tras la puerta sólo quedan contradicciones desechadas y sarcasmos que regresan de otros labios, siluetas de ladrillos que piden huir.

Quizá eso hagamos, con aviones o silencios, con tertulias vacías y verdades sin decir, esperando que llegue esa amistad que dejamos a medias por tener demasiada prisa en disfrutar del viaje.

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