Hay días en los que debería llover. Las nubes grises nos regalarían la bendición de perder el cielo. La fría carícia del agua resvalando sobre el cuerpo y llenando el pensamiento. La mirada fija en lo cercano y el deseo en el infinito.
Hoy me falta el viento y el agua, mas me sobra el paisaje y el cuerpo.