El meu núvol (*)

22 07 2008

Se sentia el murmuri de sempre. A aquelles hores tots estàvem massa adormits per petar la xerrada. L’únic que desitjàvem era anar avançant parada rere parada per no fer massa tard.Per la resta era un pur tràmit, i fins feia un temps també ho era per mi. Ara, però, tot havia canviat.

Cada matí iniciava el viatge cap al meu anhelat futur. Esperava amb impaciència el moment en que el veuria aparèixer per la porta. En els minuts següents no em cansava d’observar-lo. I somiava… somiava… somiava…

Imaginava el tacte de la seva pell, la seva olor, la seva veu… Buscava la seva mirada i quan finalment la trobava en fugia ràpidament. Era tan feliç en el meu núvol…

Un moment! Què passava? On era la seva entrada triomfal? S’hauria adormit? Estaria malalt?

Però l’endemà tampoc va aparèixer. Ni l’altre, ni l’altre… I així va ser com aquell que, sense saber-ho, havia d’envellir al meu costat, s’esvaí per sempre, sense previ avís. Tornava a estar sola.

(*) Texto aportado por otra persona que también prefiere ser anónima



Quiero una oportunidad (*)

21 07 2008

Si pudiera pedir un deseo sin dudar desearía ser otra persona, solo por un día, para poder seducirte sin miedo a que se estropee nuestra amistad. Para poder por fin besar tu piel bronceada por el sol de la playa. Acariciar tu pelo y enredarme en ellos para que no te escaparas nunca de mi era. Tumbada en la arena, tu silueta se desvanece como un espejismo cuando intento alcanzarte.

Si pudiera ser otra persona por un día, tal vez dejara ser espectador de tu película, en la que no hay papel para mí, dónde los protagonistas pasan por delante mía y yo no tengo oportunidad de actuar. Quiero dejar de ser parte del público, actuar en tu vida, pero eso es imposible, soy el viejo amigo que un día se equivocó al jugar las cartas que el destino le repartió y tatuado en mi frente el nombre de espectador. Solo puedo esperar que tu película tenga un final feliz, aunque sea de lo más amargo para mí. Me quedaré sentado al margen, comiendo palomitas que se atragantan a su paso por mi garganta, con sabor a derrota y exceso de arrepentimientos.

(*) Texto invitado de un colaborador anónimo



Manolo y Manuel (III)

29 06 2008

camino

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-Me gustaría celebrarlo invitándote a cenar al Orillas del Danubio.
-Ya sabes que es mi restaurante favorito. ¿Cómo podría negarme?
-¿Te recojo a eso de las nueve y media?
-Estupendo.

A Manolo se le estaban abriendo las puertas del cielo y se le notaba en la expresión de la cara. Tenía una sonrisa de esas de satisfacción conocedora de que lo mejor está por llegar.

-Disculpa Manolo pero se me está haciendo tarde, tengo que hacer unas gestiones.
-No te preocupes, me alegra que hayas podido venir. Entonces, te recojo mañana a las nueve y media.

Cynthia dio dos besos a Manolo, se dirigió a la barra para pagar las dos consumiciones y salió del local contoneándose tal como había llegado.

Manolo se quedó absorto mirando como se alejaba, como su cabello, que caía más allá de la mitad de su espalda, se balanceaba al paso de sus rotundas caderas. Tan absorto, que no escuchaba nada de lo que sucedía a su alrededor.

-Disculpe, le preguntaba si había terminado con el periódico.
-Ah… sí. Perdóneme. Aquí lo tiene.

Cuando volvió a mirar hacia la puerta, Cynthia ya había desaparecido. Aunque estaba seguro de que no se habría girado para mirar atrás, ella nunca lo hacía.



Manolo y Manuel (II)

30 03 2008

cafe

Cynthia, al ver a Manolo, comenzó a caminar hacia su mesa contoneándose para que nadie pudiera evitar percatarse de su presencia.

-No, esto no me gusta. Demasiado largo, los lectores buscan una acción más rápida.

Manuel, que regresaba de su almuerzo, empezaba a captar ciertos detalles que le serían muy útiles en un futuro. Era cierto que sus lectores querían una escritura más dinámica. No en vano, los libros de Manuel eran como el porno de la novela romántica: directos, bruscos y sin ningún rastro de sensibilidades. Probablemente por ello su público era mayoritariamente masculino, las mujeres suelen tener mayor gusto para las artes.

-Reescribiré su entrada… Lo anoto al margen que sino me bloqueo.

-Hola, ¿Qué tal? ¿Hace mucho que esperas?
-…Hola. No, sólo cinco minutos. Bien… ¿y tú?
-Bien, gracias. Es que había tráfico.

Es innegable que Manuel deja una gran huella autobiográfica en sus personajes, pero los titubeos de Manolo son prácticamente una fotografía de Manuel cuando conoció a Marta, su ex-mujer. Aquello fue una historia tortuosa, primero de amor, luego de constantes malentendidos y decepciones, pero siempre muy dolorosa. Por suerte para ambos, aunque Manuel aún no piense lo mismo, terminó hace tres veranos. Fue entonces cuando Manuel se atrevió a dedicarse en exclusiva a sus novelas, más motivado por el despido de la redacción donde trabajaba que por un acto de valentía.

-Estás muy guapa hoy.
-Siempre me dices lo mismo…
-…Pero es que es cierto.
-Bueno, ¿qué es eso tan importante que querías contarme?
-Es… Es que estoy algo nervioso, aún no es algo seguro…
-Pero cuéntamelo igualmente hombre, que veo que te hace muchísima ilusión.
-Pues la verdad es que sí. Bueno… allá va: Me han llamado de la editorial Satélite, que quieren publicar mi próxima novela.
-¡Eso es magnífico! ¿Pero aún no la tienes terminada, verdad?
-No, pero dicen que les interesa captar a lectores como los míos, que no son muy habituales y que confían en que la proxima novela tenga una aceptación similar a las anteriores.

-Disculpen, ¿qué les apetece tomar?
-Dos cafés, uno con sacarina, por favor.

Manolo no solía tomar la iniciativa, de hecho era la primera vez que pedía por ella, pero la conocía bien y la excitación por el asunto de la editorial lo había envalentonado. En ese momento, Manolo se dio cuenta de lo que acaba de hacer y se sonrojó ligeramente al mirar a Cynthia pidiendo su aprobación. Ella no pudo reprimir la carcajada.

-¿Te ríes de mí? No me importa, estás preciosa cuando ríes.

Manuel jamás se hubiera atrevido a decirle eso a Marta cuando la conoció, de su personaje lo único que era real era sonrojarse. Manuel se sonrojaba y mantenía largos silencios, ya fuera escuchando a Marta o simplemente por no saber realmente que decir. Quizá por eso empezó su historia, a ella le encantaba que supiera escuchar y le parecía tan tierno ese rubor continuo. Tampoco era real que una editorial tan importante se hubiese interesado por él, pero en sus libros podía soñar libremente a través de sus personajes, o eso creía.



Manolo y Manuel

2 03 2008

cafe

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No sé si soy al único que le pasa, pero las horas en las cafeterías son muchísimo más rápidas.

-Céntrate Manuel, que esa es peor introducción que la de la Biblia, que ya es decir.

Manuel, cincuentón por vocación y escritor por obsesión. Hablaba solo, como de costumbre, mientras buscaba el modo de comenzar su última novela. Última y primera, pues en su vida había pasado de las cuatro páginas de algún cuento mediocre, de esos que no sirven ni para calzar la mesa de la cocina.

Manolo esperaba a Cynthia en el Café de la Catedral. Fumaba un cigarro mientras jugaba con el servilletero de la mesa que le tenían reservada todas las tardes.

-Sí, eso sí. Esta vez funciona, esta vez no me rechazarán en la editorial…

Seguía con su monólogo intentando recibir los ánimos que nadie más le brindaba, sin importarle saber que su otro yo le estaba mintiendo, que ambos sabían que aquel iba a ser otro fracaso de no más de quince párrafos incoherentes y desmembrados.

Manuel se había hecho a sí mismo, quiero decir, que nadie le había explicado al pobre diablo lo decadente de ponerle nombres extranjeros a las protagonistas femeninas, como si eso por sí mismo las hiciese sensuales. Es evidente que tampoco había reparado en que, de los pocos amigos que tenía y de los menos que seguían sus andanzas literarias, todos atribuirían el nombre del protagonista a un intento de reescribir la propia biografía o, peor aún, a una incipiente esquizofrenia.

Desde su mesa había una vista magnífica del paseo de la Alameda, pero estaba tan acostumbrado a ella que prefirió ojear el periódico local. Cynthia llegaba en ese momento, impuntual como siempre, llevaba una gabardina cerrada color hueso y unas botas negras con unas medias del mismo color. El resto quedaba a la imaginación.

-Es hora de comer, será mejor que lo deje.

¿De verdad creerá Manuel que una gabardina y unas botas son suficientes para provocar una escena de tensión sexual? Habrá que esperar a que vuelva de comer para saber si con las páginas va mejorando…



Lugares

28 01 2008

Hay lugares idílicos.

Lugares en los que se respira paz.

Hay que buscarlos bien, pero suelen estar muy cerca de ti.

Lugar



¿Bailas?

12 12 2007

Bailarina

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- ¿Bailas?

- Me encantaría, pero estoy anclada al suelo. No puedo hacer más que ver a la gente pasar.

- Vaya… Yo que puedo moverme, no hago más que dejar atrás a gente que sólo desea echar raíces.

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P.S.: La fotografía es Perpsícore, la musa de la danza, de Salvador Dalí (Euskalduna - Palacio de Congresos y de la Música, Bilbao).



Nacimiento

23 10 2007

Enhorabuena a los recién ascendidos a la categoría de “papis”. Ya tengo ganas de veros a los tres, porque de alguna forma, vosotros también habéis renacido.

Al resto de lectores, para que esto no quede tan vacío, os dejo un fragmento de un texto antiguo:

Vaciando el seno derecho de su madre, sonreía, cerrados los ojos, a un punto indefinido del mar que rellenaba todas y cada una de las ventanas del hospital.
El padre de la nueva y tierna vida, al otro lado de la cama, miraba a esa carita de ángel por construir o de demonio por descubrir mientras acariciaba los suaves pómulos y besaba los rubios cabellos de la primeriza.
Había alguna extraña fuerza que les mantenía pegados y que aglutinaba sus palabras tornándolas silencios que, daban por seguro, comprendían los tres.

Podéis leer el texto completo aquí: Imagen Parto



Déjame que…

15 10 2007

Pescallunes

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Déjame que te hable del vuelo aparentemente sin rumbo de las mariposas.
Que te cuente que los colores translúcidos de sus alas son reflejos del polvo que las recubre.

Déjame inventar un cuento de hadas en el que el príncipe aparezca al final, cuando la princesa ya sea dueña del castillo.
Que te explique que los reinos no son sólo de piedra y tierra.

Déjame que te recite versos que nadie ha escrito, hasta que el peso de la voz marque tus sueños o el papel.
Que te envíe poemas con otras firmas, para que me sientas con otras manos.

Déjame que, a falta de saber inventarte con carboncillo, te desdibuje con luz.
Que redibuje mis deseos cerca de tu piel.

Déjame que te envuelva en silencios.
Que te guarde bajo las sábanas.

Déjame que …

…deja que eche de menos tus labios…
…y que dude si por tus besos o tus sonrisas.



Notas en el aire

30 09 2007

Rosa roja

La música del piano suena de fondo, en su imaginación puede ver las notas escapando del marfil de las teclas y esquivando las hábiles manos del artista. Tras una breve danza en el aire, se posan sobre el suelo convirtiéndose en alfombra floral.

Sentado en el suelo, con los brazos rodeando las rodillas, casi puede sentir la humedad aterciopelada de los pétalos. Se pregunta por qué no puede ser siempre todo tan luminoso, con los colores rellenando estampas de postal, la música calma inundando el alma. Y es que siempre que las letras escapan de su pluma están empapadas de oscuridad.

Un melancólico violín le da la respuesta:

Cómo evitar la tétrica melodía de los días, cómo evitar la niebla en la mirada, cómo olvidar el frío de esa noche eterna…
… si no puedo empujar las horas a tu lado, compartir tus sueños y habitar tu piel…